domingo, 23 de enero de 2011

IMPORTANCIA DE LOS REFLEJOS

Cuando un niño que nace, deja el entorno protector y blando del útero para entrar en un mundo donde se ve asaltado por una cantidad abrumadora de estímulos sensoriales.
Al principio no puede interpretar las sensaciones que le rodean. Si son demasiado fuertes o demasiado repentinas reaccionará a ellas, pero no comprenderá su propia reacción. Ha cambiado un mundo de equilibrio por uno caótico; ha abandonado la calidez por el calor y el frío. Ya no tiene una alimentación automática y debe empezar a participar en el acto de alimentarse a sí mismo. Ya no le aportan el oxígeno desde la sangre de la madre, debe respirar por sí mismo y debe empezar a buscar satisfacer sus propias necesidades.
Para sobrevivir, está dotado de un conjunto de reflejos primarios diseñados para asegurar la respuesta inmediata al nuevo entorno y a sus necesidades cambiantes. Los reflejos primarios son movimientos automáticos, estereotipados, dirigidos desde el tronco del encéfalo y ejecutados sin implicación cortical.
Son esenciales para la supervivencia del bebé en sus primeras semanas de vida y le aporta el entrenamiento rudimentario en muchas de las habilidades voluntarias posteriores. No obstante, los reflejos primarios deberían tener una vida limitada y después de haber ayudado al bebé a sobrevivir en sus «arriesgados» primeros meses de vida deberían inhibirse o ser controlados por centros superiores del cerebro. Esto permite que se desarrollen estructuras neurológicas más sofisticadas, que permiten a su vez que el niño tenga control sobre sus respuestas voluntarias.

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